Dos en el camino

Día 355: Tarzan (Tangalle)

Un tipo cae del cielo (literalmente, porque se vino abajo su avión) y lo adopta una familia de monos. Básicamente lo mismo. Caí del cielo en Tangalle (Sri Lanka) y me tomó una familia local bajo su tutela. Qué ? Esperaban bromas comparando con monos ? Claro que no, esta gente me alimentó durante más de 2 semanas y hasta se puso mal cuando les dije que me iba. Jamás podría burlarme… uh, estaré envejeciendo ? No quiero arruinarles el día, pero me parece que hasta tengo alguna cana.

Llegar a destino, tortura a la Sri Lanka

Tras 5hs de vuelo, estaba en Sri Lanka. Mi destino, en la costa sur del país, se ubica a algo menos de 200 kms del aeropuerto de Colombo. El problema no fue la distancia sino el tiempo necesario para llegar y la incomodidad asociada. Bus Aeropuerto – Estación de buses, 1 hora. Desde allí, entre 5 y 6 horas en un bus que no debería usarse para transporte interurbano. Ni acarreo de animales. Por suerte tampoco tenía aire acondicionado (?). Ah, y lo otro muy bueno es que el hijo de un camión lleno de putas que manejaba, paraba todo el tiempo en todos lados, pero cuando tuve que bajar yo… demoró más de un kilómetro en «encontrar la parada». Era de boca, no lo dudo.

Y finalmente, llegué a Tangalle.

Tangalle, la ventaja de estar en el medio

Nadie se detiene en esta ciudad. Para el mundo, es de paso. Será por que su centro no tiene más de 200 metros de extensión ? O por qué solo hay un restaurante «turístico» y el resto, puestos de comida local ? Quizás por que prefieren seguir unos kilómetros más y llegar a Dickwella con una playa más amplia, Mattara, con una ciudad mucho más completa, Welligama con sus escuelas de surf o Galle y su turístico fuerte ? Por lo que sea, el pueblo carece de las hordas de europeos que azotan Sri Lanka. Y todo lo que no tiene, más los efectos que esto genera, hacen que Tangalle sea el lugar ideal para descansar, recuperar energías y no tener que compartir playa salvo con algún perro que vive por la zona.

 

Yendo de la cama al living a la playa

De haber estado por estas latitudes, seguramente Charly Garcia hubiera cambiado la letra de su canción. Tras más de 11 meses de recorrida, llegó el momento que tome vacaciones (me pareció leer risas de fondo ?). Viajar como hicimos con Dany, da satisfacción, placer y emociona. Ayuda a crecer, a tener una mente más amplia. Pero también cansa físicamente.

En Tangalle, me instalé en una casa muy bonita, a metros de la playa, para evitar el ruido de la única calle principal, por la que circula todo el transporte. Este pequeño jardín de Edén se convirtió en el centro de mi universo. Desde allí aproveché para moverme entre playas donde reposé cual lagarto. Ese fue mi punto de partida cuando caminaba hasta el centro para apreciar como salían los buses (la versión humilde de ver despegar aviones).

Y es donde regresaba tras ver las fascinantes actividades nocturnas de las tortugas poniendo huevos en la playa (no, lo peor es que no es una ironía… y si, un embole estar 2hs viendo una tortuga).

Pero cuánto tiempo puede un ser humano hacer playa, siesta, café al atardecer y sobrealimentarse ? No se un humano, yo lo hice 3 semanas y les aseguro que me quedé con ganas de seguir. En el medio, conocí gente con la cual compartí comidas y salidas, leí mucho, y lo más importante: me corté el pelo repuse energías.

Bonus track: engordando para Navidad

Los caseros de donde me instalé resultaron ser la familia perfecta. Agradables, cuidadosos, protectores y lo más importante: apenas hablan inglés, con lo cual las interacciones son limitadas.  Y si a todo eso le sumamos que me hacían desayuno y cena todos los días, no hay nada que lo pueda superar. Más que comidas, resultaron ser bacanales romanas donde abundaban los pescados, langostinos y langostas, acompañado de fuentes inagotables de arroz o pasta con vegetales, todo en porciones para un batallón.

Lo más notable, es que no solo se pusieron tristes cuando anuncié mi partida (o lagrimearon de la alegría, no lo se) sino que se negaban a cobrarme la comida. Por más insistencia, no hubo forma y tuve que enojarme para que al menos acepten una propina como agradecimiento por todo (comida, trato, afecto). Y me hicieron prometer que iba a regresar, lo cual probablemente termine sucediendo.

Vuelta al ruedo (o casi)

Dicen que lo bueno de estos viajes, es que uno encuentra respuestas a las preguntas. En mi caso, hoy tengo más preguntas que las que me hacía un año atrás. Pero sigo con ganas de descubrir las respuestas. Por lo pronto «Qué hace uno para creerse más joven ?», se responde con «se interna una semana en una escuela de surf». Parto en un rato hacia Gurubebila donde me esperan duras jornadas tratando de no dar pena entre australianos que nacen con una tabla bajo el brazo o rusos que parecen salidos de una pelea de MMA. No pasa nada, yo les gano con el intelecto (?).

Quizás ya nos olvidó, pero nosotros no (tanto) a ella. Ahora sube fotos de otros destinos acá y acá y siguen estando tan buenas como las de antes.

 

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