Dos en el camino

Día 177: Náufrago (Koh Rong Samloem)

Por qué comparamos esa película con nuestro paso por Koh Rong Samloem? Será porque a la ida no nos hundimos de milagro. Porque en la isla que estuvimos había casi la misma cantidad de gente que en la de Tom Hanks. O quizás que Tom hablaba con Mr. Spalding y yo con Dany. Podemos discutir si hay parecidos o no, pero lo que no podemos es dejar de contarles nuestro paso por esta isla del sur de Camboya.

Y para entender el ritmo al que vivimos la última semana, nada mejor que los Beach Boys poniéndonos en sintonía:

Llegando a Koh Rong Samloem

A tomar nota para todos aquellos que planifiquen su viaje desde Siem Reap (?):

  • Van hotel – terminal de bus (20 minutos y 1 hora de espera posterior)
  • Bus Siem Reap – terminal de Sihanoukville (13 horas y 9304 paradas inexplicables)
  • Camión terminal de Sihanoukville hasta quien sabe donde (20 minutos)
  • Bus quien sabe donde hasta muelle (20 minutos)
  • Bote muelle – Koh Rong Samloem (90 minutos, incluye previa escala en Koh Rong, que es otra isla, y 20 minutos viendo como olas de 2 metros decidían que hacer con nuestras vidas)
  • … y así de fácil se llega!

The Unplugged Island

Koh Rong es la isla «grande», con hoteles, restaurantes y actividades. Koh Rong Samloem, su hermana menor, con mucho menos espacio, que recientemente ha conseguido tener electricidad (casi) todo el día, a su vez se divide en dos partes que solo se comunican por bote. Saracen Bay, la parte más desarrollada y nuestra elegida: M’pay Bay. Algunas posadas (creo que solo la nuestra con aire acondicionado), media docena de lugares donde comer, poco más de 100 metros de frente al mar y casi nada hacia adentro. Ah, internet es casi un milagro, no hay WiFi en ningún lado así que sugerimos que se abstengan aquellas parejas que no tengan temas de conversación.

Los pocos lugares que hay pertenecen a tres o cuatro ingleses y un francés, que vaya uno a saber porque avatares del destino cayeron por estos lares. Ritmo extremadamente relajado, todas caras conocidas y muy buena música.

Casi al llegar nos dimos cuenta que estábamos frente a un nuevo hito en nuestro viaje.

Día a día: el detalle

No es que me gusten las listas ni exciten las descripciones detalladas… pero esta emocionante enumeración describe a la perfección como fue nuestra vida:

    • 8hs: despertarse y esperar hasta las 10hs para hacer ruido y movimientos bruscos hasta que Dany se despierte.
    • 10 a 11hs: desayuno en las mecedoras del porche de nuestra habitación mirando el mar (a unos 5 metros de distancia como máximo)
    • 11 a 13hs: agua, playa y sol
    • 13 a 15hs: almuerzo frente al mar
    • 15 a 17hs: siesta
    • 17 a 20hs: café frente al mar (incluye lectura y/o música)
    • 20 a 21hs: cena frente al mar
    • 21 a 23hs: pelí­cula en la habitación (incluye postre y queja posterior sobre el impresentable film visto)

 

Es una vida difícil, pero alguien tiene que vivirla…

Playas, porque para eso vivimos vinimos

Hablamos mucho de la isla, poco de las playas de Koh Rong Samloem. Y siguiendo con esta enfermedad practicidad de listar, podríamos separarlas en tres:

  • Playa del muelle 23: frente a la principal única calle de M’pay Bay. Al no haber más de 3 o 4 botes diarios se disfruta sin molestias. Agua en la gama del verde, transparente, arena beige.
  • Clearwater bay: a 25 minutos a pie, aún menos gente, arena más blanca y agua aún más transparente. Un kilómetro de arena, en la que estuvimos solos por horas o con 3 o 4 más en momentos concurridos.

  • Lazy beach: a 45 minutos de Clearwater bay, cruzando por el medio de la selva, encontramos a una de las 15 mejores playas del mundo, según National Geographic, que vaya uno a saber que criterios usa pero son los que saben (?). Arena blanca, agua aún más transparente (si, es posible!) y un ruido de mar para tener en la mente hasta el final de nuestros días. Más que definirlo como un paraíso, deberíamos decir que fue un lujo estar allí.

Sucedieron dos cosas que aún nos resultan difíciles de creer: el clima fue casi perfecto (llovió solo de noche o durante las siestas, y hubo sol sin mucho calor) y se nos pasó una semana entera sin darnos cuenta. Asumimos rápidamente el ritmo local y nos dejamos llevar sin reclamar por nada ni cuestionarnos cada cosa. Y si no fuera porque tenemos fecha fija de vuelo a Malasia, con Dany coincidimos que podríamos habernos quedado sin problemas al menos una semana o dos más. Siempre hay un libro por leer o un café frío por tomar.

Bonus track I: Otra que nos va a robar Hollywood

Cualquiera puede llegar a Lazy Beach en bote, pero cruzar la selva nos deparó no solo una gran experiencia sino un nuevo filme de nuestra cosecha.

Bonus track II: Pequeños lugares que hacen un mundo

Muchas veces hablamos de encontrar nuestro lugar en el mundo. Y esto no quiere decir que solo haya uno para cada uno de nosotros. Por el contrario, viajar nos permite darnos cuenta que hay más de una esquina soñada o un espacio en el tiempo que parece único. Ayuda a construir un mosaico de momentos, como el que guardaremos del restaurante francés en la parte más alejada de la isla, justo donde se forman dos costas. Gran lugar, excelente comida… y mejor compañía.

Vuelta al primer mundo (?)

Salimos de la burbuja y enfilamos para Phnom Penh, uno de los lugares que más ha criticado la gente que nos fuimos cruzando en el viaje. Sucio, peligroso y con gente molesta. Pero como hasta ahora coincidimos muy poco con algunas opiniones críticas, no nos preocupamos, cargamos las mochila y allá vamos.

Nosotros no recordaremos Koh Rong Sanloem, porque para recordar algo primero hay que olvidarlo. Y eso no figura en nuestros planes. Y esperamos que ustedes tampoco olviden ver las fotos de Dany.

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