Lun. Jul 22nd, 2024
Choque de culturas, en una isla predominantemente musulmana

Hollywood, a diferencia de nuestro paso por las islas Perhentian, siempre busca la fácil. Cualquiera sigue a un tiburón desde un barco. Pero cuántos se animan a tirarse en medio del mar para un mano a mano con el escualo? Fácil, los muy boludos Dos en el Camino. Je, aprendé Spielberg…

Islas Perhentian, donde el mar se une con la selva

El esfuerzo selvático (?) de Taman Negara exigía unos días de descanso. Nos alejamos hacia el noreste de Malasia y desde Kuala Besut cruzamos en bote hasta las islas. Desde el punto de partida, otro viajecito de no más de 10 horas…

Llegando, atrás del verde, nuestro nuevo hogar temporario…

Son dos islas, una levemente más pequeña que la otra. Más allá de sus nombres locales, las llaman Big y Small, para que ningún turista ni hincha de boca pueda confundirse. Paradójicamente la hermana menor tiene más hospedajes y playas.

Siguiendo con nuestro afecto por tender puentes, fuimos a la de menos hospedajes. Y de las playas, buscamos una de las más básicas. Una fina línea costera con pocos y sencillos lugares, complementados con media docena de puestos donde comer. Y nuestras espaldas custodiadas por un impenetrable verde, así la vista podía perderse en el mar que nunca estaba más de unos pocos metros por delante.

Si no hay problemas, hay que inventarlos

Podríamos haber pasado los días descansando y deseando que no hubiera ningún desastre natural (no hay como salir de las islas). O cenando pescado fresco a la parrilla, al borde del mar y arriesgando no ver una espina a la luz de la luna. Pero no, además de eso teníamos que meterle adrenalina (?).

Descubrimos que las islas no eran solo un lugar para ver una francesa más linda que otra atardeceres caer tras una bahía de agua cristalina. Tampoco un lugar para inventar de que hablar porque no teníamos internet leer mientras el mar nos arrullaba con su eterno y relajado cantar. No, lo que vimos fue uno de los lugares más lindos para hacer snorkeling que recordamos.

Cada playa, cada bahía, nos ofrecía una barrera coralina con más colores y más vida. Colores que creemos no haber visto jamás y peces nadando con la seguridad de ser los dueños allí abajo, jugando con nosotros a ilusionarnos que podiamos acercarnos sin que se dieran cuenta, para luego irse casi displicentemente, ignorando nuestros esfuerzos.

Fue en una de estas tantas vueltas que paramos en un lugar denominado «Shark Point». Pensamos que sería el lugar ideal para el avistamiento de tiburones. Y en parte, lo era. Solo que debían verse nadando hacia el piso del mar tanto como fuera posible. Y munidos de restos de peces para atraer a coloridos cardumenes, motivo suficiente para llamar la atención de los tiburones que supuestamente habitaban esa zona. Honestamente, creímos que no se vería nada… hasta que algo substancialmente más grande que todo lo anterior pasó por nuestro lado. Otra tortuga, pensamos con Dany, ya que habíamos cruzado un par en otra sumergida. No, nada menos que el rey del mar (?), un tiburón. Y debía estar con varios príncipes porque vimos cerca de media docena más que nos pasaban a distancias mayores a lo que parecía, pero mucho menor a la que hubiéramos necesitado de haber tenido algún problema.

Si lo que nos mostró el mar que conocíamos era gracia, el tiburón exhibió sigilo. Si lo anterior despertaba acercamiento, esto inspiraba respeto. Y fascinación. «Son pequeños, miden dos metros, no hacen nada mientras no los molesten», comentó un local. Sabiamente Dany evaluó que era buen momento para retirarse, sobretodo porque la gente suele considerarme molesto y no era momento de testear mi efectividad bajo el mar.

Choque de culturas, en una isla predominantemente musulmana

El tiempo es indetenible, lo sabemos. Pero si en algún momento las agujas del reloj se mueven más lento de lo que uno desearía, tiene que ser bajo el agua. Cada vez que bajabamos percibiamos ese aletargamiento del segundero, esa sensación que el tiempo es eterno y uno también. Así de bien nos sentíamos, como niños. Es más, creo que bajo el agua yo tenía menos canas y Dany aún portaba brackets. No todos fueron favorecidos en su juventud.

Saliendo del agua

Llegó el momento de salir a la superficie, tomar aire y seguir hasta la próxima etapa de la evolución. En este caso, de nuestro viaje por Malasia. Cruzamos el país de este a oeste para llegar a Penang. Qué nos espera? En cuanto sepamos lo escribiremos.

Las islas Perhentian fueron más de introspección que de fotografía (?) pero como siempre, hay más aquí y allá.