Dos en el camino

Día 307: Jamaica bajo cero (Nuwara Eliya/Ella)

Qué más absurdo que ver jamaiquinos en la nieve ? Encontrar a este dúo otra vez en el frío, esta vez el de las montañas de Nuwara Eliya y Ella. A diferencia de aquellos, no practicamos ningún deporte olímpico. Ningún deporte, bah. Salvo que cuente subir y bajar montañas (siempre sin la vestimenta adecuada, obviamente) y caminar kilómetros a la vera del tren, cual pordioseros de película. Porque entre el frío de Nuwara Eliya y el fresco de Ella, acumulamos recorrida para rato.

Tanto nos hablaron del famoso viaje en tren entre Kandy y Ella, pasando por Nuwara Eliya, que no pudimos menos que pensarlo con este tema:

El mejor viaje en tren del mundo ?

«Es la vista más hermosa que existe», «es un viaje en tren único, imperdible», «tienen que bañarse», estas y tantas otras frases nos dijeron antes de llegar a Sri Lanka, siempre refiriéndose al tren de Kandy a Ella. Y fue así ?

Primero analicemos el tren. Es antiguo, seguramente el mismo que hicieron los ingleses hace 100 años. El marketing lo presentará como «tradicional». Y no venden tickets por anticipado, por lo cual hay que arrojarse a través de una ventana para ocupar asiento o se viajará parado durante horas. Nuevamente, las técnicas de venta lo definirán como «la imperdible oportunidad de compartir tiempo con los lugareños». Tiempo y espacio, porque se viaja uno encima del otro. Eso si, de haber sido tocados por la varita mágica y conseguir asiento, estos son bastante incómodos. Y por «varita mágica» me refiero a Dany empujando gente a la carrera, como si fueran medias reses colgando de un gancho.

Todo muy lindo, pero qué tal es el famoso viaje ? Nuevamente, vayamos por partes. Hicimos el tramo Kandy – Nuwara Eliya sentados. Como agradecimiento a la violenta gestión de Dany, seguramente estamos vetados en un par de países europeos (pero fuimos sentados más de 4hs). Según ella, el viaje fue simplemente espectacular. Verde por todos lados, sin interrupción de una estación a la otra. Campos de te en las colinas y cataratas completando unas vistas únicas.

 

El segundo tramo, de Nuwara Eliya a Ella fue el mejor desde mi opinión. Dany no coincide, equivocadamente, claro, porque este trayecto de casi 3hs se vio perjudicado ya que no nos pudimos sentar y ella debió viajar como sardina entre dos amazonas alemanas que de milagro no se la comieron entre estación y estación. Tan complejo fue, que ni conseguimos sacar una foto que atestigüe que, una vez más, yo tengo razón y Dany no.

Para saldar las dudas que puedan quedar, efectivamente el viaje es espectacular. Un placer para los sentidos visuales (por lo que se ve al pasar) y olfativos (por lo que se huele cuando un local como curry de pescado en un tren atestado).

Nuwara Eliya, un cantón suizo en Sri Lanka

Montañas tapadas por nubes, campos de te por donde uno mire y posibilidad de dormir tapado ? Donde hay que firmar ? Una larga y serpenteante ruta que arrancó en la estación de tren, nos llevó hasta nuestro hotel y de allí, a pocos kilómetros, a una pequeña ciudad. El resto, fantásticas montañas con plantaciones en sus laderas que nos hacen creer que podríamos quedarnos horas solo mirando desde nuestro balcón. De haber tenido nieve, podría pasar por una villa suiza (salvando ciertas diferencias, claro), o algún lugar del sur argentino.

Recorriendo para matar el frío

Quedarnos en el hotel era tentador, pero sacamos algo de abrigo del fondo de la mochila y arrancamos.

Empezamos por la catarata Ramboda que nos gustó más por el recorrido para llegar que por la vista en si (aunque estaba muy bien).

Seguimos viaje hasta la plantación de te «Bluefield», donde al igual que en Malasia e Indonesia, nos enseñaron el proceso de recolección y producción. Quizás porque fue un recorrido más personal, pero esta vez nos gustó más.

Solo las mujeres pueden recolectar el te, porque es «una tradición», según nos indicaron. Recolectan unos 20 kilos por hora, 8 horas al día y reciben USD 3. Indudablemente el esclavismo encontró su salvación con la creación de los contratos de trabajo.

Queríamos sentarnos un rato a orillas del lago Gregory, pero entre el frío y la amenaza de lluvia, se nos fueron las ganas. Igual, nos pareció que no nos perdíamos mucho.

Al menos nos dimos el gusto de almorzar en la ciudad (cosas que aún estamos intentando entender), tomar otro té y ver como vendían ropa de abrigo, algo que seguramente solo se hace en este pueblo.

Ella, donde hay más turistas que locales

Nuestro siguiente destino nos sorprendió. No por el viaje que ya describimos, ni por las actividades que se pueden realizar. Lo que nos llamó la atención fue la increíble cantidad de turistas. No se ve solo en las calles que se escucha cualquier idioma menos el del país, también se aprecia en los negocios de la única calle del pueblo. Los precios son los más elevados que vimos desde que aterrizamos en Sri Lanka y a diferencia de otros lugares, casi imposible encontrar turismo local en alguno de los cafés o restaurantes, desde los cuales nos piden a los gritos que entremos a ser estafados probar sus especialidades.

Una aventura de ascensoristas

Sabíamos que todo lo que había para hacer, implicaba subir y bajar en montañas y caminos. Algunas fáciles y otras no tanto. Pero antes de eso, hubo que armarse de valor para salir del hotel, que al igual que en Nuwara Eliya, nos permitió desayunar y merendar con unas vistas que hubiéramos querer extender por más tiempo.

Qué elegir para subir ? El aburrido Adam’s Peak de 2225 metros o el imponente Little Adam’s Peak de 1140 metros ? Hace falta decir por cuál optamos ? 3 kilómetros caminando desde nuestro hotel y luego, la subida.

Bajamos y caminamos otros 3 kilómetros hasta el puente Nine Arch. Como construcción es impactante, más al combinarla con los campos de té que la circundan. Nos rompió soberanamente las pelotas incomodó moderadamente cruzarnos con un grupo de universitarios a los gritos durante buena parte del trayecto, pero no siempre podemos tener de compañeros de viaje gente copada como nosotros.

Volvimos para el pueblo por las vías de tren, un camino que pese a ser de 3.5 kilómetros de extensión, nos pareció más llevadero de lo que inicialmente pensamos. Traducción: me la pase puteando antes de arrancar porque no había una forma menos desgastante para volver.

Bonus track: Kottu, comida con ritmo propio

En Sri Lanka le ponen arroz a todo. Si uno se queda quieto un rato, seguramente también lo rocíen con estos granos, curry y algún tipo de chile. Paradójicamente, el plato típico no incluye arroz. Se llama Kottu y lo compone verduras (pimientos, cebollas y algún verde), godamba roti (mezcla de tortillas mexicanas y pan árabe) y de acuerdo al gusto, carne o pollo. Todo esto, se tira sobre una plancha caliente y se lo pica y mezcla con dos cuchillas que van marcando el ritmo como si de una canción se tratara.

El resultado ? Un nuevo favorito en nuestro viaje.

De pronto… flash!

No, nos referimos al veloz héroe de DC sino a un tema clásico que obliga a pensar en playa. Y hacia allí vamos. Próximo destino, Mirissa, al sur de la isla. Vuelven los días de caminar poco y vegetar mucho. De lagartear al sol y solo movernos para acercarnos al agua. Lo planeamos así ? Es el próximo destino el resultado de un sesudo análisis ? Eh… no. En realidad no tenemos más ropa limpia y solo nos quedan los trajes de baño.

Mientras esperan que lavemos nuestra ropa el próximo posteo, no se pierdan las fotos y fotos de Dany.

Un comentario en «Día 307: Jamaica bajo cero (Nuwara Eliya/Ella)»

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