Lun. Jul 22nd, 2024

El turista que se arriesga poco, cuando puede se sube a uno de esos buses sin techo que lo lleva en un par de horas a lo más turístico de la ciudad en la que se encuentre. Bus «Hop on, hop off», como se lo conoce. Y si bien nosotros no nos subimos, casi casi hicimos lo mismo. Dedicamos poco tiempo a Cluj Napoca y Oradea (3 días / 2 noches por ciudad). Turismo a lo chino, llegando a un punto, sacando foto y yendo al siguiente. Pero sin gritarnos entre nosotros ni fumando como escuerzos en lugares cerrados.

No es que Cluj u Oradea no mereciesen más tiempo, pero son ciudades con sus puntos turísticos muy cercanos y accesibles a pie. De hecho, muchos turistas apenas les dedican una noche. Y hablando de turistas, pocos en las ciudades anteriores y casi ninguno en Cluj u Oradea que no fuera de origen rumano. Se nota que el país cada vez recibe más visitantes, pero no son tantos los que salen del circuito tradicional. Bue, tampoco es que nos la estemos dando de Cristobal Colón, no descubrimos nada.

En fin, tras toda esta intro en la que no se porque justificamos lo que hacemos, damos paso a la aventura (?). Seguimos hacia el norte, cada vez más cerca de la frontera húngara (país que yo ya visité y Dany no, valga la aclaración y para que ella se moleste).

Cluj Napoca, la joven de día

Qué fue de la vida de Cluj antes de ser el polo universitario más importante de Transilvania y dónde pueden verse jovenes recorriendo como hormigas su centro histórico durante todo el día ?

Deberíamos retroceder hasta cuando aun no existía la ciudad y la región era habitada por tribus dacias. Fueron los romanos (cuando no…) quienes establecieron una colonia a la que llamaron «Napoca». Tuvieron que pasar más de 1000 años para saber que pasó con la ciudad, ya que fue abandonada y casi no hay registros hasta el paso de los húngaros y otomanos. Por las dudas, en el medio invadieron los tártaros y después los alemanes (otro eterno caso de «cuando no»).

Más acá, con el príncipe Juan II de Transilvania, la ciudad creció y pasó a ser un centro cultural y educativo. Tras las pestes e incendios que casi la devastaron en el siglo XVII, llegó el XVIII y Cluj Napoca pasó a formar parte del Imperio Habsburgo y se convirtió en la capital del Gran Ducado de Transilvania. Creció cultural y arquitectónicamente, sumando importantes edificios y monumentos. Poco tiempo después pasó a ser «la ciudad de los museos» los cuales obviamente no visitamos.

Tras la primera guerra mundial, Transilvania pasa a ser rumana y por ende, la misma suerte corre Cluj, aunque durante la segunda guerra volvió a recordar su pasado y fue ocupada por húngaros y alemanes. En la era comunista, similar a lo ocurrido con Sibiu, creció pero también sufrió restricciones políticas y sociales.

Qué encontramos hoy ? Una ciudad vibrante y joven, en constante crecimiento económico. Qué no encontramos ? Nuestro hotel 🤷‍♂️.

En Cluj nos juntamos con los nuestros

Ya veníamos con un mal presentimiento desde que el hotel no había respondido un par de preguntas nuestras (que carajos le pregunta uno a un hotel, es otro tema). Al llegar nos encontramos con un hotel pero sin que nadie supiera de nuestra reserva. Ni de ninguna, porque resultó ser que solo alquilaban habitaciones por corto plazo durante el receso universitario. 45 días tuvo el dueño para cancelar nuestra reserva, pero se le pasó… bue, tampoco es que nos molestara mucho caminar 2kms con las mochilas y 30 grados. Delicias del turismo low cost. Pero como nada modifica nuestro ánimo 🤥, resuelto este punto (y negociado un lindo upgrade con el sitio de reserva de hoteles 😎) nos dedicamos a la ciudad.

Cluj, «clush» como decimos los rumanos (?) es un continuo deambular de universitarios en cafés, bares y plazas. Obviamente nos sentimos cómodos, mezclados con quienes pensaban que éramos padres de alguno colegas de clases. Si lo contáramos como guías, deberíamos decir que se comienza en la Piata Unirii (la enésima en Rumania con el mismo nombre) y desde allí, el corazón de Cluj, podemos ver la Catedral de San Miguel, ejemplo de construcción gótica. Diríamos que el Parque Central es ideal para bajar pulsaciones y sentarse a la sombra con un café y un buen libro.

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Seguiríamos con la Iglesia Ortodoxa, que a esta altura son nuestras preferidas por sobre las católicas o protestantes y terminaríamos el recorrido en la calle Memorandumului (leelo de una si te animas), con otro café y una porción de torta (exigencia de la parte Mex de esta dupla). Si, hay más para ver, sobretodo museos pero ya aclaramos que estamos en esa parte del viaje donde nos embolan buscamos otras experiencias.

El imaginario bus turístico debía seguir su recorrido así que cambiamos Cluj por Oradea, casi en el borde de Hungría.

Oradea, la joven de noche

La ciudad que nos sorprendió por la cantidad de adolescentes que la recorren como hormigas hasta que nos vamos a dormir después de cenar altas horas de la madrugada tiene una historia similar a la de Cluj. La fundan los rumanos y la funden húngaros y otomanos. Ya en el Siglo XVII, bajo el dominio de los Habsburgo y lindando con Hungría y Austria, floreció y mucho de lo hecho se puede apreciar aún hoy. Tras la primera guerra mundial pasó a ser parte de Rumania y luego de la segunda se la quedó la Unión Soviética fue parte de los países comunistas.

Hoy Oradea renace con un flujo constante de turismo local, manteniendo viva su historia a la que suma constantes festivales y eventos. Nosotros le erramos por poco a un show en la plaza principal, pero la agenda cultural exhibida en la ciudad no dejó de sorprendernos.

En Oradea, todo está al alcance de la mano

Esta vez nuestro apartamento existía 💪, estaba impecablemente ubicado y tenía todo lo que precisábamos (incluso una dueña gitana diciéndole todo el tiempo a Dany que la amaba). Nos encontramos con una ciudad compacta, con todo cerca y digno de admiración. Como siempre, con su Plaza Unirii (o no sería Rumania), como colorido corazón. Desde ahí accedíamos al Ayuntamiento y las Iglesias del Espíritu Santo y de la Luna.

A pasitos nomás está el Teatro Estatal, la Catedral Ortodoxa más grande del país y la Sinagoga. Pero no estaríamos en una verdadera ciudad rumana sin su parque y una peatonal. El Parcul 1 Decembrie y la Peatonal Republicii, si quieren poner nombres. Y si pasan, dejamos un par de tips más. Primero, el Pasaje Aguila Negra que muestra parte de la rica historia de la ciudad. Una galería acristalada con extrañas curvas y colores, todo muy art noveau (no lo leímos, eh…). Finalmente y para cerrar el día, una recorrida al atardecer por el río Crisul Repede, que divide a la ciudad en dos. Se sale desde el Puente San Laszlo, se llega a otro puente (Centenarului) y se vuelve.

Parece mucho ? Y eso que quedaron cosas sin contar. La Plaza del Rey Fernando, el pequeño palacio que es la Casa Darvas-La Roche o el Palacio Barroco. Definitivamente, Oradea con sus colores y mezclas arquitectónicas es una de las gemas rumanas que nos enorgullecemos de haber elegido como destino.

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Un último eslabón

Quedan kilómetros por delante, pero cada vez menos. Se viene una nueva dupla de ciudades, a las que les dedicaremos más tiempo y con ellas estaremos cerrando la etapa rumana de este viaje. No hacemos balances aun, aunque el saldo será increíblemente positivo.

Hasta que llegue ese momento, siempre está la chance de compartir el viaje con nosotros a través del ojo fotográfico de Dany. Y decimos «compartir el viaje» y no vivirlo, porque eso solo se puede con mochila al hombro y ojos en el camino. Damos fe. Chau, hasta el próximo posteo.